Los fenómenos de la realidad sensible podían estar causados por la naturaleza, y sobre todo por las fuerzas divinas o las diabólicas. La naturaleza no era independiente del espíritu, y los demonios o los duendes se consideraban especies naturales. Se admitía que los demonios cuidaban del infierno con diligencia y, un momento después, podían estar en el mundo terrestre, actuando contra los seres humanos
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